martes, 7 de junio de 2016

Sin sospechas



Mi gestación no creo que haya sido planeada (creo que la de ninguno de mis hermanos lo fue). Tal vez fue producto de una encamada después de una buena traba o de una embriagada con los amigos "gotereros" de quienes me trajeron a la vida. Pero gracias a Dios fui a parar a una buena casa... Demasiado buena para recibirnos a todos en la medida que íbamos apareciendo en el mundo.

Mi principio fue ese, como el de cualquier otra persona. Gracias a Dios no fui producto de un programa investigativo de laboratorio o de las locuras de algún científico loco. Fueron años de crecimiento, de dientes caídos, de raspones y de lágrimas al notar que la vida es algo de cuidado.  Fui cuidado por personas que me esperaron por 9 meses con ansias locas de conocerme, de darme su amor y sus cuidados. Debo aceptar que tal vez el principio de mi vida fue muy cómodo para mí y de arduo trabajo para mis padres amorosos. Tuve lo que quise, solo debía apuntar y abrir mis manos para recibir. Pero como la vida no siempre es color de rosa...  el negro siempre se asoma, como el "sereno" que atormenta a todos los colombianos después de las 5 de la tarde.

He aquí el negro que combina con el rosa. Bueno, tal vez fue a los 3 años, quién sabe si un poco antes o después. En algún momento de esos, de loca creatividad y de hacer algo divertido para alegrar la vida, personifiqué a mi madre. Tomé su bolso más colorido, su sombrero y gafas de playa (de montura roja y lente oscuro), y (la cereza que corona al helado) sus tacones. Wow! Era lo máximo porque sé que lo hice en repetidas ocasiones y hay evidencias fotográficas de eso. Supongo que fue para divertirnos porque mi hermano (el penúltimo) también lo hizo. He idealizado ese momento como uno alegre y pleno, lleno de risas a borbotones, carcajadas de todos, incluso de mi parte.

Creo que los niños le hallan gracia a aquellas cosas que a los ojos de los adultos son raras. Sé que muchos se rieron y fue muy chistoso, amenizamos las tardes aburridas, creo. También sé que mientras los dos nos "trepamos", la vida era bella, pero llegó el momento de inclinar la balanza y de nivelar las cosas, el momento en que inició mi vida y la de mi hermano se reivindicó cuando decidió personificar a papá. Tal vez él sintió la necesidad de cambiar, de ver que también podía jugar a ser hombre mayor y desde allí... Le quedó gustando.  Digo yo ahora que no me hallaba, ojalá sea un sentimiento o un recuerdo de ese momento, y no uno aprendido. Pero sé que no quise hacerlo en repetidas ocasiones  y que prefiera retornar a aquello que había  comenzado a gustarme.  

No debo obviar el hecho de que mi vida ha tenido mucha diversión (caramba, menos mal) aunque tampoco puedo esconder que la comodidad de estar en tacones, haciéndolos sonar con cada paso que di por la casa, sonreír y sentirme dueña de mi misma no duró mucho. Las salidas en carro, en moto, en lancha, los juegos con mi hermano y mi vida en el colegio se tornaron un poco complicados. Me agradaba pensar que podía golpes a mi hermano en retaliación a las maldades que me hacía. Un lazo se rompió al enfrentar la realidad de ser 4 a 5 años menor que mi hermano. Lastimosamente me quedé solo. Hasta ir a comer helado con mi hermano me daba pavor porque lo quería mucho y lo tenía en lo alto, aunque él prefería humillarme por ser gorda, delicada y ... Menor, tal vez. Pero priman los recuerdos gratos de ver películas de miedo a escondidas, llamar por teléfono a números al azar para hacer una broma; fueron esas algunas de las muchas cosas que hice en mi vida con mi hermano que, definitivamente, volvería a hacer.


Sé que me vida inicio extemporáneamente y no logró la apertura de una bella flor en el sol matutino. Unos cuantos años más adelante conocí el gusto que definió mi orientación sexual, y jugué de nuevo a ser mujer, a ser una bella adolescente en vestidos hermoso, tacones que calcé a la perfección, y mis pasos sonaron aún más fuertes en el piso de madera que me mantuvo suspendido en el aire por varios años en el lugar que fue mi casa. Cabe añadir que el sol ha brillado para todos y, aunque no ha sido mi vida siempre de color rosa, el chocolate y las cerezas combinan bien. Siempre hay algo amargo en la vida como el chocolate negro, que se combina con lo dulce de las experiencias alegres y de amor, como las cerezas en almíbar.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Gracias por hacer un comentario sobre esta publicación. Significa mucho para su autora.