Mi gestación no creo
que haya sido planeada (creo que la de ninguno de mis hermanos lo fue). Tal vez
fue producto de una encamada después de una buena traba o de una embriagada con
los amigos "gotereros" de quienes me trajeron a la vida. Pero gracias
a Dios fui a parar a una buena casa... Demasiado buena para recibirnos a todos
en la medida que íbamos apareciendo en el mundo.
Mi principio fue
ese, como el de cualquier otra persona. Gracias a Dios no fui producto de un
programa investigativo de laboratorio o de las locuras de algún científico
loco. Fueron años de crecimiento, de dientes caídos, de raspones y de lágrimas
al notar que la vida es algo de cuidado.
Fui cuidado por personas que me esperaron por 9 meses con ansias locas
de conocerme, de darme su amor y sus cuidados. Debo aceptar que tal vez el
principio de mi vida fue muy cómodo para mí y de arduo trabajo para mis padres
amorosos. Tuve lo que quise, solo debía apuntar y abrir mis manos para recibir.
Pero como la vida no siempre es color de rosa... el negro siempre se asoma, como el "sereno"
que atormenta a todos los colombianos después de las 5 de la tarde.
He aquí el negro que
combina con el rosa. Bueno, tal vez fue a los 3 años, quién sabe si un poco
antes o después. En algún momento de esos, de loca creatividad y de hacer algo
divertido para alegrar la vida, personifiqué a mi madre. Tomé su bolso más colorido,
su sombrero y gafas de playa (de montura roja y lente oscuro), y (la cereza que
corona al helado) sus tacones. Wow! Era lo máximo porque sé que lo hice en
repetidas ocasiones y hay evidencias fotográficas de eso. Supongo que fue para
divertirnos porque mi hermano (el penúltimo) también lo hizo. He idealizado ese
momento como uno alegre y pleno, lleno de risas a borbotones, carcajadas de
todos, incluso de mi parte.
Creo que los niños
le hallan gracia a aquellas cosas que a los ojos de los adultos son raras. Sé
que muchos se rieron y fue muy chistoso, amenizamos las tardes aburridas, creo.
También sé que mientras los dos nos "trepamos", la vida era bella, pero
llegó el momento de inclinar la balanza y de nivelar las cosas, el momento en
que inició mi vida y la de mi hermano se reivindicó cuando decidió personificar
a papá. Tal vez él sintió la necesidad de cambiar, de ver que también podía
jugar a ser hombre mayor y desde allí... Le quedó gustando. Digo yo ahora que no me hallaba, ojalá sea un
sentimiento o un recuerdo de ese momento, y no uno aprendido. Pero sé que no
quise hacerlo en repetidas ocasiones y
que prefiera retornar a aquello que había
comenzado a gustarme.
No debo obviar el
hecho de que mi vida ha tenido mucha diversión (caramba, menos mal) aunque
tampoco puedo esconder que la comodidad de estar en tacones, haciéndolos sonar
con cada paso que di por la casa, sonreír y sentirme dueña de mi misma no duró
mucho. Las salidas en carro, en moto, en lancha, los juegos con mi hermano y mi
vida en el colegio se tornaron un poco complicados. Me agradaba pensar que
podía golpes a mi hermano en retaliación a las maldades que me hacía. Un lazo
se rompió al enfrentar la realidad de ser 4 a 5 años menor que mi hermano.
Lastimosamente me quedé solo. Hasta ir a comer helado con mi hermano me daba
pavor porque lo quería mucho y lo tenía en lo alto, aunque él prefería
humillarme por ser gorda, delicada y ... Menor, tal vez. Pero priman los
recuerdos gratos de ver películas de miedo a escondidas, llamar por teléfono a
números al azar para hacer una broma; fueron esas algunas de las muchas cosas
que hice en mi vida con mi hermano que, definitivamente, volvería a hacer.
Sé que me vida
inicio extemporáneamente y no logró la apertura de una bella flor en el sol
matutino. Unos cuantos años más adelante conocí el gusto que definió mi
orientación sexual, y jugué de nuevo a ser mujer, a ser una bella adolescente
en vestidos hermoso, tacones que calcé a la perfección, y mis pasos sonaron aún
más fuertes en el piso de madera que me mantuvo suspendido en el aire por
varios años en el lugar que fue mi casa. Cabe añadir que el sol ha brillado
para todos y, aunque no ha sido mi vida siempre de color rosa, el chocolate y
las cerezas combinan bien. Siempre hay algo amargo en la vida como el chocolate
negro, que se combina con lo dulce de las experiencias alegres y de amor, como
las cerezas en almíbar.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por hacer un comentario sobre esta publicación. Significa mucho para su autora.