Iniciar un proceso de redescubrimiento no sólo requiere el pequeño brinco de motivación o el empujón de los amigos y familiares que se encuentran al rededor que disfrutan de ver los avances hacia la felicidad que intentamos alcanzar.
Un proceso de redescubrimiento requiere un gran cúmulo de decisiones a tomar... hay que planear el brinco: con cuál pie salto y con cuál llegaré a mi destino?, qué tan alto?, que tan lejos? Cualquiera sea la respuesta a todas esas "pequeñas" preguntas, la información que de ellas sale es simplemente la chispa o el combustible para iniciar la reacción en cadena que se viene tras de ella.
Para algunos casos, no hay necesidad del empuje que amigos o familiares pueden dar a quienes lo requieran, tal vez por demostrar flaqueza, debilidad o indecisión. Es necesario, o conveniente, para algunos mezclar el impulso intrínseco de surgir, de cambiar el rumbo de sus vidas por que tal vez no vivan lo que mejor les plazca, con ese empujón de la vida o de seres que les rodean para iniciar. Haga del proceso una experiencia más enriquecedora, deliciosa, agradable o interesante.
Qué puede representar?
Puede representar muchas cosas ese salto... hasta la vida. Pero representa también el redescubrimiento de la misma, un nacimiento viciado por aquellos anhelos, esperanzas y deseos de llegar a ser mejores personas, más completas y menos deformes por el paso de (y por) una vida de insatisfacción.
Representaremos en ese momento, a viva voz, imagen y sentido lo que significa la vida, lo que desde su propiedad o mera razón es. A fuerte voz, el pregón de un sueño alcanzado, la satisfacción de lograr los resultados de un arduo trabajo, el muy sentido y empañado en lágrimas "lo hice". A viva imagen, la sonrisa pura que refleja plenitud, la luz que de nosotros emana al recibir una noticia de positivo efecto. Y de vivo sentido, lo que en palabras no podemos expresar o explicar, lo que entre pecho y espalda nos adviene y nos hace ser lo que somos, quienes somos y da una razón y uso a nuestra existencia.
Para mí, también representa la razón de mi existir que necesita desencadenarse; mi identidad que necesita tomar una forma más sólida y temerle y aborrecer al encierro y a quien la apabulla.
Todo esto suena honoris causa, algo tan bonito y que sería bueno alcanzar, pero se interponen muchas cosas que controlan nuestra forma de ver la vida, y nos condiciona. Temor, angustia, vacío, incomodidad, ansiedad, inexplicable falta de todo; qué otros nombres pueden recibir ese tumulto de emociones que forman una barrera protectora que entorpece nuestros pasos por el camino que nos trazamos hacia una verdadera vida?
Pero aunque la pared que ante nosotros se presenta parezca de concreto, es simplemente una concreta disparidad de emociones y pensamientos que no siguieron su camino hacia el olvido, pero que de alguna manera se anclaron, se adhirieron a nuestra percepción y cambiaron el rumbo de nuestra vida. Pueden parecer muchas, de hecho pueden ser muchas, pero son viarias también las preguntas que las pueden destruir, que las pueden hacer desaparecer con humo en el viento, cómo el vaho una vez exhalado.
Está pared no podrá detener nuestro andar, así sea bordeandola, saltándola, cavando un túnel por debajo, o atravesándola a las malas, esta sigue siendo etérea, sin forma sólida, como el humo en una habitación... denso se torna el interior, con poca visibilidad, pero no impide nuestro libre movimiento en el espacio.
Qué sería penoso?
Sería penoso, con énfasis en el "tal vez" oculto, no notar que lo descrito anteriormente es, por la posibilidad de que sea o no, prácticamente en sí el proceso de redescubrimiento que vale, sin lugar a dudas o certezas, la pena experimentar.
Una mirada fija en la meta puede a veces desvirtuar, entorpecer, ensordecer, cegar, desmotivar, insonorizar, desfavorecer y quitarle el sabor a la vida que se nos va, nos pasa de largo... por que la vida es lo que vemos, saboreamos, olemos, escuchamos, sentimos y tocamos, no lo que esperamos alcanzar o lo que se vé al final del camino.
Es rico en emociones, razonamientos y percepciones todo gran instante en el que nos paramos frente al abismo y nos preguntamos: qué hay en el fondo? Qué hay del otro lado? Qué tan alto o profundo es? Podré saltar? Qué me esperará allá abajo? Qué o quién me espera del otro lado? Cómo o cuándo llegaré?, etc. Es cómo hallar el gusto por ver el paisaje mientras vamos en camino hacia el trabajo, colegio, universidad, casa, o cualquier otro destino. El parar y desenfocarnos un segundo para avistar los detalles de los que está hecha la vida, sentir su aroma, su temperatura, textura, ver su forma, tamaño, color y probar su sabor.
Qué ese redescubrimiento, sea el que sea, no se vare en la travesía hacia el faro por no ver que nos quedamos sin gasolina o atracamos en un banco de arena por no ver los otros elementos que hacen también parte de nuestro viaje.
Qué tal es ver que el temor es simplemente un aria en la sinfonía que compone nuestra existencia? O reconocer lo temeraria que puedo llegar a ser?
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