martes, 24 de enero de 2017

Jalea en frasco

La vida se nos ha vuelto un constante ejercicio de estar en movimiento. No podemos quedarnos quietas a esperar que las cosas sucedan y no ser parte de ellas. Queremos pertenecer a la vida, sentirnos capaces de lograr que situaciones y existencias a nuestro alrededor tengan un cambio y un producto por nuestra influencia.

Sentimos que la vida toma sentido cuando por tocar una flor ésta se abra, florezca, de su belleza a la vida y nos apartamos a retomar la misma actividad con todo aquello que nos rodea. Podría decir que la vida se ha convertido en un lienzo en blanco esperando a que tome un pincel y comience a dibujar. Si lo vemos desde esa perspectiva, la vida es alterable, no inamovible, maleable y cambiante. 

Si bien, la vida no es estática y puede tomar diferentes rumbos, formas, tamaños, colores, olores y sabores, podríamos entonces permitir que los cambios que se celebran, que los nuevos trazos que damos en nuestro lienzo, sigan su rumbo. Recordemos que la mano que sostiene el pincel es la mía (en mi caso), y que el trazo que haré con el pincel puede ir en cualquier dirección, hará la forma que mi imaginación imprima y llegará hasta el punto que así desee.

Añadir al hecho de ser libre (hasta el límite donde encuentro la libertad de otros), es comprender que la vida facilita movimientos, acciones, situaciones, momentos, etc; mientras que también es en sí promotora, moderadora, un espacio por el que las cosas suceden. Un permiso da, otro lo quita, pero mientras que ella esté de nuestro lado, ¿qué más podría sujetar nuestra realidad? (¿será por eso que dicen que Dios es mujer?)

Lo bello de esto es que es claro que el "botón" automático de mi vida ya no funciona. Lo más bello aún es ver mi comportamiento cuando siento temor al no tener certeza de qué va a suceder y lograr la calma que necesito al saber que con mis sospechas puedo habilitar nuevos caminos, nuevas direcciones, formas y "garabatos" en mi vida.

Siendo las cosas vistas desde esa perspectiva, me surge la pregunta: ¿por qué nos enfrascamos?  ¿Por qué ocupamos el espacio que creemos limitado de nuestra mente en "tener que" desarrollar actividades que delimitamos nuestra percepción de las múltiples opciones que esta realidad ofrece? ¿Por qué solo colorear los trazos de otros, guiándonos por instrucciones que codifican la vida, enaltecen la regla y someten a uniformidad?

Qué rico sería si lo único que tuviera yo en mi vida encerrada en un frasco sea una deliciosa jalea, de la fruta que sea, y que de vez en cuando la abra, para untar de sabor mi pan y deleitarme en todos los sabores que ella da.

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